Cada alumno es un ser único, es una realidad en desarrollo y cambiante en
razón de sus circunstancias personales y sociales. Un modelo educativo moderno
contemporiza la atención al individuo, junto con los objetivos y las exigencias
sociales.
Las deficiencias del sistema tradicional de evaluación, han deformado el
sistema educativo, ya que dada la importancia concedida al resultado, el alumno
justifica al proceso educativo como una forma de alcanzar el mismo.
La evaluación debe permitir la adaptación de los programas educativos a
las características individuales del alumno, detectar sus puntos débiles para
poder corregirlos y tener un conocimiento cabal de cada uno.
No puede ser reducida a una simple cuestión metodológica, a una simple
"técnica" educativa, ya que su incidencia excediendo lo pedagógico
para incidir sobre lo social.
No tiene sentido por si misma, sino como resultante del conjunto de
relaciones entre los objetivos, los métodos, el modelo pedagógico, los alumnos,
la sociedad, el docente, etc. Cumpliendo así una función en la regulación y el
control del sistema educativo, en la relación de los alumnos con el
conocimiento, de los profesores con los alumnos, de los alumnos entre sí, de
los docentes y la familia, etc.
La modificación de las estrategias de evaluación puede contribuir, junto
con otros medios, a avances en la democratización real de la enseñanza.
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