Muchas veces no se comprende el significado
de planificar antes de llevar a cabo las clases, porque se tiende a
asumir esta tarea como una suerte de trámite con el que hay que cumplir
frente a la Dirección o a la Unidad Técnico Pedagógica. Desde este
enfoque, la planificación se transforma en una actividad más bien
mecánica, que no coincide del todo con el desarrollo de las clases en la
práctica.
Sin embargo, planificar es una labor fundamental
en el quehacer docente, pues permite unir una teoría pedagógica
determinada con la práctica. Es lo que posibilita pensar de manera
coherente la secuencia de aprendizajes que se quiere lograr con los
estudiantes. De lo contrario, si no se piensa previamente lo que se
quiere hacer, es posible que los alumnos y alumnas perciban una serie de
experiencias aisladas, destinadas a evaluar la acumulación de
aprendizajes más que la consecución de un proceso.
La clave está en comprender la planificación como
un “modelo previo”, en lugar de entenderla como una imposición. La
planificación es lo que se quiere hacer en teoría, aunque el resultado
en la práctica sea muchas veces diferente. Sin embargo, no obtener el
resultado deseado no significa que la planificación sea poco adecuada,
sino que hay que modificar aspectos en ella según el contexto en el cual
se trabaja.
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